Paterson una cinta donde la cotidianidad inspira

Paterson es una película desarrollada en una ciudad donde la vida es poética, donde se puede pasear en la noche y salir a beber  con los amigos,  Jim Jarmusch habla en la con las persiana a través de diálogos llenos de poesía.

Todos los días del joven Paterson inician a las seis de la mañana con la cálida luz del sol entrando por los rincones. No obstante en la ciudad de Paterson ubicada en New Jersey cada lugar fue alguna vez fuente de inspiración para el poeta William Carlos Williams, reconocido por ser de los primeros en incursionar en la poseía modernista americana Paterson. 

Para William Carlos Williams la poesía se nutre de los elementos que aparentemente no son poéticos,  o al menos a simple vista no lo son y con esta premisa es que Jim Jarmusch construye a su protagonista de nombre Paterson y a su esposa Laura; ambos residentes de la Ciudad del mismo nombre y inspiradora para William.

Cada mañana escucharemos la. Misma alarma sonar,

. De este modo, suena una alarma que desvela a dos seres y les deja el efímero recuerdo de su último sueño. Él es un conductor de autobús que inicia su rutina con un intrascendente y repetitivo desayuno. Sin embargo, a la vez que va vaciando el tazón de cereales, examina una simple caja de cerillas. Paterson ha interiorizado el espíritu de William Carlos Williams y sigue su senda al comprender que cualquier cosa es buen material para la poesía. Entonces la peculiar tipografía de la marca de cerillas se convierte en verso. Una creatividad escondida detrás de cada pequeño detalle. Únicamente habiendo dado comienzo a otro día más, cogiendo una libreta y anotando las palabras de un futuro poema.

Tras terminar el desayuno con una inspiración en el horizonte, Paterson se dirige a su trabajo. Una persona común de la que solamente conocemos su pasado como militar y su destino como conductor. Un personaje formado por diminutas piezas que Jim Jarmusch ha dado forma a su antojo. Si el nombre coincide con la ciudad, el pasado del mismo también confluye con el intérprete que le da vida. Antes de actuar, Adam Driver perteneció al Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Una vocación que se torció tras un accidente, decidiendo estudiar en la prestigiosa Escuela Juilliard de interpretación. Debutando en 2010 delante de las cámaras y consiguiendo una Copa Volpi al Mejor Actor en el Festival de Venecia por Hungry Hearts en 2014. Pues Driver tiene uno de los físicos más imponentes del panorama actual, combinado con unas inquietudes y sensibilidad que te desarman. Una fuerza de la naturaleza que te arrastra y te emociona, siendo Paterson su personaje más memorable hasta la fecha. Al emprender su trayecto en el autobús, se aprecia como más que un oficio es un regalo para el contemplativo protagonista. A sus espaldas, los asientos se convierten en infinitas conversaciones aleatorias, activando el arte de la observación. El silencio es su estado natural para captar los diálogos que puedan propiciar la proliferación de su obra. Sin mirar, escucha sentimientos y sensaciones fijadas habitualmente en la cultura popular. Obsequiándonos Jim Jarmusch en una de ellas con un homenaje irresistible, evidenciando su amor a Wes Anderson y saturándonos de felicidad. Un viaje ávido por llegar a la próxima parada, con las ideas candentes para ser impregnadas de tinta.

Si hay un paisaje representativo de la ciudad de Paterson, ese debe incluir las Grandes Cataratas del río Passaic. Lugar donde Paterson se asienta en su tiempo para almorzar. Pues las espectaculares caídas de agua expanden tranquilidad y dejan fluir su imaginación. Al igual que el agua, su bolígrafo recorre libre el papel, recogiendo a su paso todos los pequeños detalles que le ha deparado el día. Componiendo textos íntimos escritos por el célebre poeta americano Ron Padgett. Un estilo de escritura que evoca a William Carlos Williams, independizando a la poesía de la métrica y dejando la armonía en manos de los ritmos naturales del lenguaje. Porque escuchar los poemas mientras se manuscriben en pantalla es una experiencia reparadora. Sensaciones protegidas por Jim Jarmusch mediante el lenguaje visual, combinando el lirismo con bellas superposiciones de las inspiraciones de Paterson. Una forma de entender la vida y sentirse pleno, exteriorizando un interior entusiástico escondido bajo una sobria coraza. El filme se entiende como una reivindicación de la poesía, no quedándose sólo en el protagonista. A lo largo del metraje, Allen Ginsberg o Emily Dickinson son algunos de los escritores nombrados por distintos personajes que también han sido contagiados por la esencia de la ciudad. Resultando el encuentro más significativo una conversación con una niña que busca su voz escribiendo. Vocación necesitada de apoyo para reafirmarse y crecer. Un impulso y amor incondicional que Paterson encuentra en su mujer Laura.

El crepúsculo acecha el cielo y la jornada llega a su fin, regresando Paterson a su hogar. Allí le espera su familia, Laura y su bulldog francés Marvin. En contraste con el mundo exterior, la vivienda rebosa energía. Otro estado para expresar la vitalidad, dirigido por la personalidad de ella. Una mujer soñadora, cada día con una nueva ilusión y una fuerza infinita para llevar a cabo sus proyectos. Si el personaje de Paterson transmite verdad gracias a un actor que comporte sus sensibilidades, lo mismo ocurre con Golshifteh Farahani y Laura. La joven actriz iraní devora el papel, intuyendo parte de su vida en el mismo. Su carácter luchador al enfrentarse a la privación de libertad y igualdad de un régimen es una constante en la carrera de la protagonista de A propósito de Elly (2009) de Asghar Farhadi. Convirtiendo enPaterson ese espíritu inconformista en pasión. Canalizándola en creatividad, siendo imposible estabilizarla. Por consiguiente, esa incesante vibración se complementa con la contención de Paterson. En todos sus deseos, los colores blanco y negro decoran el ambiente. Un equilibrio que combina tan bien en la vestimenta como en su afecto. Puesto que la pareja se apoya incondicionalmente el uno al otro en todas sus ambiciones. Ya que la pintura y la poesía nacen desde una sólida base de inteligencia emocional y ternura. Construyendo un lazo irrompible cosido con tiempo desde la generosidad. Compartiendo el entusiasmo vital, entendiendo que parte de la felicidad no la posee uno mismo.

Exhausta, la luz se esconde y el silencio reaparece en las calles de Paterson completando el círculo. Es el momento de sacar a pasear a Marvin, una situación que suena soporífera; mas Jim Jarmusch filma como una oda a la soledad. En una entrevista en 1989, afirmó que preferiría hacer una película acerca de un tipo paseando a su perro que una sobre el emperador de China. Pensamiento pasado que cumple como una lección existencial. Ya que en el fondo, si el amor inspiraba a Paterson, antes debía aceptarse a uno mismo y sus peculiaridades. Plenitud vital entrenada en la soledad y su silencio adyacente. En una decisión nostálgica, Jim Jarmusch elimina la presencia de móviles en la película. Actualmente una utopía, transformando el concepto de conectividad a estar unido a los elementos naturales que nos rodean. Así, al levantar la vista de nuestros dispositivos, recuperamos la condición de humanos tras el trance zombi. Por encima de todo, el sosiego reina en las avenidas de Paterson, desvaneciéndose el estrés y el ruido del mundo digital. Al contrario que el tempo de las notificaciones, el paseo es el antónimo a la inmediatez. La correa que ata a Marvin simboliza la lealtad entre dueño y mascota. Un canino planteado como un personaje más de la película, arrancándonos sonrisas e ideas cómplices. Hasta el punto de protagonizar uno de los gags mejor construidos del año. Por ello, las últimas palabras del filme son una emotiva despedida a Nellie, su nombre real. El final de un camino sin veneno, concebido para aunar todos los elementos que calienten nuestra alma.

Bajo la dulce y espesa noche, Paterson anuda a Marvin y entra en su bar de toda la vida. Allí se encuentran distintos personajes satélites nacidos del imaginario de Jim Jarmusch. El pub es el refugio del director estadounidense y lo decora con referencias a artistas que él admira. Haciendo espacio para el jazz, el ajedrez e incluso Iggy Pop. Un conjunto de apuntes intelectuales escritos en un guión maestro. El libreto de Paterson destila verdad, dando una importancia capital a los silencios. El cineasta tiene alma de poeta, defendiendo desde el lirismo la palabra y el placer cotidiano. De esta manera, uno de los deleites que acontecen en la historia es cuando Paterson y Laura van a una sesión de cine en blanco y negro. Durante el visionado, Paterson mira al público a su alrededor, contemplando la felicidad en los rostros absortos en la luz del proyector. La captación de un hermoso instante del que nosotros también formamos parte, pues al igual que los espectadores en la ficción, la satisfacción nos desborda. Un estado de ánimo de carácter analógico que podría pecar de cursi o empalagoso, no obstante, Jarmusch logra dar un extracto agridulce. Habiendo creado un diamante perfecto, tan fantástico como ilusorio. Evitando la pretenciosidad al dañar levemente esa gema, ahora mucho más valiosa, al ser única y auténtica. Porque en el día a día hay circunstancias alegres y tristes, teniendo la obligación de convertirles en una oportunidad de futuro e inspiración.

Toca volver a casa complacido, habiendo seguido la creencia de William Carlos Williams al recolectar poesía de las situaciones corrientes. Construyendo los edificios de Paterson a partir de uno de los versos de Ron Padgett, cimentados sobre cuatro dimensiones: altura, ancho, largo y tiempo. Si las tres primeras sirven como introducción a la rutina de Paterson, el tiempo eleva la magnitud de la obra. Como una metáfora de la vida, Jim Jarmusch estructura el filme siguiendo a Paterson durante una semana, siendo cada día una variación del anterior. Repeticiones con un denominador común en la necesidad de alimentar la imaginación. Un don para mirar a la intrascendente rutina con un halo poético y sentirse pleno, donando felicidad a las personas y animales que te rodean. De esta forma, el tiempo, que en la propia cinta sirve para evolucionar, tiene la certeza de proporcionar a Paterson la condición de obra mayor en el futuro. Un valor creciente al verse sustituido lentamente el calor humano por las frías pantallas táctiles. Al final, la visita turística por Paterson de la mano de Jim Jarmusch es un viaje imprescindible. Una travesía que estará entre los lugares más visitados de 2016. Pues la experiencia supone un cambio vital, regalándonos la oportunidad de dar luz poética a la gris rutina. Una invitación a la felicidad con la obligación de trasladarPaterson a nuestra propia ciudad.

Paterson