«Cyclops», el súper-héroe más soso del cine

Columnista: Daniel Flores

La saga de «X-Men» llega a su conclusión con «Dark Phoenix«, luego de 10 películas y 3 spin-offs, y claro, por la fusión de Disney y Fox, que es el real cerrojazo a este ciclo, iniciado en 2000 por el director, Bryan Singer, teniendo como gran experto al ahora mandamás de Marvel Studios, Kevin Feige, quien prácticamente le soplaba todos los secretos del cómic sobre los mutantes. Ni  cómo olvidar la secuencia inicial, sobre el origen del malévolo, «Magneto», un niño judío separado de sus padres en un campo de concentración nazi, lo que detona sus poderes para controlar cualquier objeto de metal.

Aquella cinta reunió a un cast de estrellas consolidadas y futuras, incluyendo a Patrick Stewart («Profesor Xavier»), Famke Janssen («Jean Grey»), Halle Berry («Storm»), Anna Paquin («Rogue»), Rebecca Romijn («Mystique»), Ian McKellen («Magneto»), a un desconocido en ese entonces, Hugh Jackman («Wolverine»), ah, y un tal James Marsden («Cyclops»).

Debido al éxito, se filmaron dos películas más con el mismo elenco, aunque para la tercera y aparente final entrega, Singer fue sustituido por Brett Ratner en la silla de dirección, con una trama un tanto parecida al filme estrenado estos días, en la que «Jean Grey» se convierte en el poderoso pero trágico, «Fénix Oscuro». En las cintas apareció «Cyclops», como el motivo romántico de «Jean», haciendo un triángulo amoroso con «Wolverine». Sin embargo, el escaso nivel actoral de Marsden fue absorbido sin problemas por Jackman, quien pasó de ser un nuevo rostro a la auténtica estrella de la trilogía. Tan soso era el «Cyclops» de Marsden, que casi al inicio del filme, es eliminado por «Dark Phoenix», sin que nadie se acuerde de él hasta avanzada la historia.

«Cyclops» debía ser el líder de los mutantes, como sucede en el cómic, en el que, efectivamente, es representado como tal, además de ser un fiero amante de «Jean Grey», por la que todos suspiran. En la historieta posee la habilidad de lanzar energía fulgurante de sus ojos, al grado que debe usar un visor especial para evitar que aniquile a alguien por accidente. Pero al momento de trasladar esta fuerza a la pantalla grande, ni Singer ni Ratner lograron hacerla lucir, convirtiendo a «Cyclops» en un personaje de relleno, que palidecía de sólo ver a «Wolverine».

Podríamos culpar a James Marsden de semejante atrocidad, ya que, de por sí, este histrión es el nuevo «Kevin Bacon», es decir, aparece en muchos filmes, pero siempre de segundón, de chico guapo o de perdedor, bueno, hasta el «Superman» de Bryan Singer le quitó de las manos a «Luisa Lane» sin que el personaje de James opusiera mucha resistencia. Seguramente, Singer pensó: «¿qué actor parece un loser en la vida real y podría ser mangoneado por Kal-El? ¡Ya sé, el bonachón Marsden, ese que me hizo un pésimo Cyclops!».

Sin embargo, en las dos últimas cintas de «X-Men», reiniciadas en 2011, bajo la dirección de Matthew Vaughn, con otros rostros dando vida a casi los mismos mutantes, emergió nuevamente, «Cyclops», también llamado, «Scott Summers», interpretado ahora por el protagonista de «Ready Player One», Tye Sheridan.

Desafortunadamente para Sheridan, su participación en «X-Men: Apocalypse» (Singer, 2016) y en «Dark Phoenix» (Simon Kinberg), es mínima, a pesar de que, como en la anterior trilogía, hace lo imposible para quedarse a lado de «Jean Grey/Dark Phoenix» (Sophie Turner), pero, aunque ahora no hay «Wolverine», el resto del elenco desplaza a este joven, devorado por James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult y la propia Turner.

Tal pareciera que Bryan Singer está peleado con este personaje, al que volvió a incorporar a su grupo de paladines, sin mayor diferencia entre Marsden y Sheridan, (heredándolo a Kinberg), tornando a «Cyclops» en el eslabón más débil de la cadena mutante. En el cómic, ni en el momento más complicado de la relación entre «Scott» y «Jean» se percibe tanta fragilidad del personaje, que en los noventa recibió una tremenda remodelación, haciéndolo musculoso y determinante.

Pero en el cine, el pobre «Cyclops» no dio una. A ver qué sucede cuando Disney haga un reboot de «X-Men».

Noé encuentra su «Clímax»

Por Daniel Flores

El estridente director franco-argentino, Gaspar Noé, está de vuelta en la cartelera cinematográfica con «Clímax«, una producción envolvente, brillante, repleta de saturación para los sentidos, y cómo es su costumbre, resulta una oda al cuerpo humano, ya sea en la belleza o en la deformidad.

Así, a lo largo de 96 minutos, Noé pone de cabeza las reglas del Séptimo Arte, desde la construcción de la trama hasta la presentación de los créditos, pasando por la elección de una sola actriz profesional, la argelina, Sofía Boutella, acompañada por bailarines.

Desde la secuencia de apertura, enmarcada en un largo montaje dancístico, Noé muestra una habilidad deslumbrante para montar dicha acción sin cortes, presentando a los artistas en cuestión mediante un ritmo imparable que deja sin aliento al espectador. Con tonos rojos chillones, los estéticos cuerpos de mujeres y hombres arremeten los sonidos electrónicos del DJ, combinados con temas pop muy conocidos.

Resulta todo un placer ver en pantalla la sensualidad emanada de los histriones, incluso de los menos agraciados físicamente, sobresaliendo Boutella, sumamente capaz para el baile, territorio en el que se mueve eróticamente, portando un entallado y corto vestido color mostaza, medias negras y botines oscuros, haciéndola apetecible para las imaginaciones febriles del creador y de la audiencia.

Definitivamente, términos como frenesí o exuberancia, se quedan cortos en «Clímax«, que no puede ser catalogada como una película musical, ni de baile, ni de drama, ni de comedia, ni de terror, éste último subgénero, encadenado con tino al resto de la trama, que si bien por momentos se extiende durante el desarrollo de los personajes, retoma su incisivo andar.

Lo que en un principio luce como una celebración al baile, poco a poco va degenerando en una noche de pesadilla, amén que alguien (cuya identidad se revelará hasta el final) vierte LSD en la sangría que los personajes beben durante el aparente ensayo. Conforme la sustancia va haciendo efecto, se desatarán brutales y bajas pasiones, desde incesto hasta homicidio.

Con evidente irreverencia, Noé se mofa de los férreos estándares fílmicos de nuestra época, insulta al crítico y le importa poco el espectador, sin embargo, todo ese desdén culmina en un ritual apabullante, del cual nadie puede sustraerse ni en los momentos más pesados de este coctel molotov sensorial.

A través de encuadres desde arriba, Gaspar Noé también hace lucir el talento artístico de los bailarines, mostrando sus mejores pasos, torneados muslos, poderosos brazos, lucidores escotes, apretadas camisetas y todo un arsenal de chocantes elementos que no hacen más que fascinar.

«Clímax» es generosa, igualitaria, desenfrenada y políticamente incorrecta. Pero las palabras sobran ante este deleite, lo mejor es dejarse llevar a ese universo colorido en el que Gaspar Noé hace estallar todo su potencial, superando con creces a su obra más famosa, «Irreversible«.

«Lara Croft»: Una heroína para nuestros tiempos

«Tomb Raider» ha generado varios millones de dólares desde su aparición en 1996 como uno de los videojuegos más exitosos de la historia. De ahí, se han desprendido versiones diferentes de la protagonista, la arqueóloga y cazadora de tesoros, «Lara Croft». El paso del tiempo la ha convertido en una belleza de gráficos simples (aunque claro, acentuando sus variados atributos físicos), a un personaje «más tapadito» y políticamente correcto.

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Por Daniel Flores*

Esta semana, «Lara Croft» volverá a la pantalla grande, encarnada por la actriz sueca, Alicia Vikander, que toma el lugar de Angelina Jolie, quien en 2001 y 2003 hizo suspirar a los fans con sus atrevidos shorts y ajustadas playeras, así como su icónica cola de caballo. Aquellos filmes exhibían el entorno de los tiempos. No ofrecían más que explosiones, peleas y una fría heroína, que siempre mantenía la pose, con el mero propósito de entretener a las audiencias. La cinta dirigida por Simon West fue un éxito de taquilla, sin embargo, la secuela, realizada por Jan de Bont, bastante recomendable, sufrió el desdén del público, sepultando la franquicia.

Pero esas bases, tanto del videojuego como de las películas, consolidaron al personaje, que no es ni una «Indiana Jones » ni una «James Bond», ni la mezcla de ambos. Por el contrario, «Lara» ha labrado su propia ruta, conformando una interesante heroína, de gran destreza física para el combate cuerpo a cuerpo, eficaz en el manejo de armas blancas y de fuego, experimentada jinete y conductora de veloces autos, así como estudiosa de la historia universal y la mitología. Como por mera casualidad, posee una figura envidiable, que por cierto, ha motivado a muchas mujeres a ataviarse en el cosplay de «Croft».

Dichos atuendos no son simples disfraces de marca o mal confeccionados, sino sensacionales vestuarios que han posicionado a varias personalidades en rubros como la actuación, la moda y la literatura. Por ejemplo, una de las primeras modelos oficiales de «Lara Croft», Rhona Mitra, logró convertirse en actriz de cine de acción, de películas como «Underworld 3» o «Doomdsay». Igualmente, otra «Lara», Alison Carroll, se tornó en creadora de conceptos teatrales urbanos, luego de competir como gimnasta representando a Gran Bretaña, mientras que Megan Marie, si bien no fue modelo oficial, sí es una afamada cosplayer del personaje, autora del libro recopilatorio, «20 years of Tomb Raider».

De hecho en Europa, hay importantes clubs de fans, que año con año homenajean a «Tomb Raider» con fastuosas presentaciones, no sólo de videojuegos, también de mercancía oficial, que va de celulares de gama alta hasta autos y cualquier producto que uno pudiera imaginar.

Igualmente, luego del éxito del cómic publicado por Top Cow, entre 1999 y 2005, Dark Horse, la tercera compañía de historietas más importante del globo, detrás de DC y Marvel, adquirió la licencia para crear un «reboot» de Lara en 2013, alejada de la bomba sexy que era en el serial inicial, para tornarse en una joven emprendedora, que iba más allá de sólo ser la multimillonaria heredera de la «Familia Croft», para convertirse en una especie de académica de lo paranormal, sin dejar de lado sus proezas físicas.

Sin embargo, tanto las primeras versiones como las posteriores, siguen siendo populares, en gran medida a que «Lara Croft» no sólo representa una estética fashion, también, aquellas playeras y shorts, cubrían a una sobreviviente, a una aventurera, a una mujer con actitud para destacar ante cualquier situación. La antigua y emblemática bag-pack que cargaba a sus espaldas se consagró como un artículo inseparable de «Lara», el cual, según la imaginación de los autores del cómic o de las novelas juveniles, contenía las herramientas necesarias para que la «nativa de Inglaterra» saliera avante en sus peligrosas misiones.

Así, «Lara» cargaba más que maquillaje en la mochila. Había instrumentos que la convertían en mecánica, piloto, científica, arqueóloga, y claro, experta en misticismo, pero lo mejor de ella era que (o es que), para salvar al mundo, recurría al conocimiento histórico y mitológico resguardado en su cerebro, producto de horas y horas de estudio.

Lo que empezó como un personaje sexy dirigido al público masculino con las hormonas alborotadas, se convirtió en un icono femenino, y al paso al que va, en un hito feminista. «Lara Croft» está en cada mujer. Está en las atletas, en las diplomáticas, en las inventoras, en las creadoras, en las modelos, en las empresarias, en las políticas (tipo Angela Merkel o Theresa May). Sí, es un personaje de ficción, pero un personaje que representa el empoderamiento actual. Su futuro es brillante.

Tan brillante, que la heroína de «Tomb Raider» es también incluyente. Por ejemplo, durante la alfombra roja de la nueva entrega de «Lara Croft», celebrada en la Ciudad de México, con la presencia de Vikander, destacó el momento en que 50 mujeres, vestidas como la protagonista, se tomaron una selfie con Alicia. Aquellas «cosplayers» iban con las diferentes versiones del personaje, con los shorts, con los pantalones militares, con las armas de fuego, con el arco y las flechas. No importaba el tono de piel, ni el físico, ni la estatura, incluso, ni la edad.

Todas eran «Lara». Todas eran la imagen de la máxima heroína de acción.

*Más de 20 años como periodista y comunicador en diversos medios: ABC Radio, Reforma, El Sol de México, Alcaldes de México, Referéndum, Mundo Express, Radio13, La Afición, entre otros.  Director General de CIO Noticias.tv y Co-Director de la agencia de RP, Fuera de Circulación. Realizador de cortometrajes Serie B, experto en el tema «Cine y Súper-Heroínas».

Guillermo del Toro: Amante de los monstruos, fiel a sus raíces

El final de la década de los ochenta deparaba un cambio en la forma en que los medios de comunicación reflejaban la realidad. En México, incluso, la otrora súper poderosa empresa, Televisa, abrió, ante la amenaza de la televisión por cable, propuestas más atrevidas para impactar a la creciente población juvenil. En esa era, surgieron las ideas de gente como el mismísimo, Alejandro González Iñárritu, Martín Hernández (estos dos nominados al Oscar en diferentes categorías) o Charo Fernández, quienes se convirtieron en creativos, imagen y voces de programas que, por lo menos, pudieran convocar al segmento que ya adoraba a MTV.

Por Daniel Flores Chávez

Así, la imagen de canal 5 fue la primera en tener modificaciones, con promocionales vanguardistas, series menos familiares, más futbol internacional, y en general, una renovación de sus contenidos. De igual forma, a los otros canales de Televisa arribaron productores con conceptos novedosos, entre estos, Carmen Armendáriz, quien si bien hoy en día está convertida en un cliché de las producciones faranduleras televisivas, en ese entonces, fraguó una especie de homenaje a la venerable, «Dimensión Desconocida», de gran éxito en México con sus versiones sesentera y ochenta.
Armendáriz conjuntó a varios talentos, no sólo de la TV, también del cine, para presentar «Hora Marcada», emisión de media hora, en torno al género fantástico, ya fuera terror, horror o ciencia ficción. Siempre con la presencia de una mujer vestida de negro, presuntamente la Muerte, «Hora Marcada» estremeció al público, entre 1988 y 1990, con inolvidables episodios, dirigidos, producidos o fotografiados por nombres hoy reconocidos mundialmente, como Alfonso Cuarón y Emmanuel Lubezki. Sin embargo, de este grupo, sobresalió Guillermo del Toro, un auténtico amante de lo sobrenatural.
Del Toro siempre ha reconocido su fascinación por autores como H. P. Lovecraft, Carlo Collodi, Stephen King y Richard Matheson, generadores de un estilo propio en cuanto a temáticas sobre los miedos y obsesiones del ser humano. Con base en esta tradición, el nativo de Guadalajara, Jalisco, dirigió cinco capítulos de «Hora Marcada», consolidándose como el favorito del público, gracias, en particular, a «Hamburguesas», una metáfora zombie, muy crítica al mercado de la comida rápida, que en los ochenta comenzaba a despuntar en suelo mexicano.

Merced a una terquedad absoluta, Del Toro cruzó rápido al cine, debutando con «La invención de Cronos» (1993), cinta sobre vampiros modernos y el miedo a la vejez, que lo consagró a nivel internacional, llamando la atención de Hollywood. Cuatro años más tarde, Guillermo, animado por la posibilidad de alcanzar grandes presupuestos para la realización de sus visiones, aceptó la filmación de «Mimic» (1997), con la ganadora del Oscar, Mira Sorvino, en torno a las consecuencias de la manipulación de la naturaleza, caso específico, la creación de un insecto tipo cucaracha, que se vuelve una pesadilla para el ser humano.

Si bien Del Toro, a la fecha sigue renegando de ese filme, que aceptó por encargo, dicho éxito en taquilla le valió el reconocimiento para darse a la tarea de producir, escribir y dirigir cintas encaminadas a su gusto, con títulos de la talla de «El espinazo del diablo» y «El laberinto del fauno», ésta última, le valió tres premios Oscar en 2007, por Cinematografía, Maquillaje y Dirección de Arte, perdiendo los correspondientes a Mejor Guión Original, Mejor Música y Mejor Película en Lengua Extranjera. Pero «El laberinto del fauno» ya había obrado la magia que aún rodea los proyectos de Guillermo del Toro. Gracias a esa fábula sobre la inocencia perdida, hoy en día, el mundo espera ansioso qué desarrollará esta mente creativa, generadora de éxitos como «Blade 2» (2002) y «Hellboy» (2004).

Sobre esta última película, cabe destacar que el gordo tapatío tuvo fuertes encontronazos con Mike Mignola, el creador del cómic y padre del diablillo machín y bondadoso, «Hellboy», por diferencias creativas, que no impidieron la realización de la secuela, «Hellboy 2: El ejército dorado» (2008). Sin embargo, sí quedó de manifiesto el carácter egoísta de Del Toro, incapaz de trabajar en equipo con otros creadores de relieve.

Misma situación le ocurrió con su colega, Peter Jackson, padre de la versión fílmica de la obra literaria de J. R. R. Tolkien, «El señor de los anillos», con quien nunca pudo acordar ideas sobre la trilogía de «El Hobbit». Originalmente, Jackson puso en las manos de Guillermo la precuela de «The Lord of the rings», sin embargo, nuevamente, egos similares se confrontaron ante cómo debía ser dicha producción, en la que Del Toro pretendía dar realce a los personajes monstruosos, mientras que el neozelandés ansiaba continuar las andanzas de la tropa dirigida por el «Rey Thorin» (Richard Armitage), al estilo de la primera trilogía.
Entre esa época, Guillermo del Toro tuvo un par de desavenencias, la primera, nunca halló algún estudio o productor que le auxiliará a llevar a la pantalla grande su novela favorita de Lovecraft, «Las montañas de la locura», sobre un macabro descubrimiento en el Polo Norte que podría cambar la historia de la humanidad. Se enfrentó a las típicas excusas de Hollywood: «Nadie ha podido adaptar los libros lovecraftianos», «es material de Serie B», «fracaso asegurado», etcétera, siendo que en «Hellboy», presentaba una trama sobre dioses olvidados, poderosos y vengativos, como H. P. los recetaba.

Igualmente, nunca pudo filmar «Dark Justice League», a pesar de que Warner ya lo había contratado, para unir en un filme a un grupo de paladines propiedad de DC Comics, que incluían a populares personajes, que más que tener súper poderes, contaban con habilidades sobrenaturales, como la maga sexy, «Zatanna», el cazador de demonios y fumador empedernido, «John Constantine», «Swamp Thing» o «Deadman», lamentablemente, el auge de Marvel en el Séptimo Arte hizo temer a los ejecutivos de Warner, cancelando el proyecto.
Pero este devorador de «Gansitos» (sí, el sabroso pastelito) no se dejó apantallar. Escribió en compañía de Chuck Hogan una serie de entretenidos libros, «The Strain», sobre un virus vampírico, y produjo grandes cintas de horror, como «Mamá» (2013), «Los ojos de Julia» (2010) y «No tengas miedo a la oscuridad» (2010), así como la versión para TV de «The Strain».

Sin embargo, su retorno al cine de Hollywood montado en la silla de director no fue lo esperado, ya que, con «Pacific Rim» (2013), su oda a los monstruos y robots gigantes, cayó en una serie de clichés desconcertantes, haciendo peligrar la posible franquicia, misma que se salvó gracias al éxito taquillero en naciones asiáticas, principalmente, Japón, donde todo lo que sea parecido a su amado, «Godzilla», es motivo de culto y fascinación. Debido al impacto en este mercado, en 2018 se estrenará la secuela, aunque ya no dirigida por Del Toro (en la cual por cierto, actuará la hija de Arjona, ese «tremendo» cantautor y «filósofo» guatemalteco).

Hace un par de años concibió «La cumbre escarlata», filme de estilo gótico, con homenajes a Tim Burton, bastante bien manufacturado, que hizo regresar a Del Toro a sus orígenes, al horror en su mejor forma, olvidándose de la ciencia ficción, incluso, dándose tiempo para experimentar en la animación, con la serie de Netflix, «Trollhunters», que asesoró y escribió.

Cuando ya se creía que Guillermo del Toro había llegado a su máximo, hace unos días, deslumbró al mundo con su reciente película, «The shape of water», una historia romántica con tintes fantásticos, sobre una mujer solitaria y una extraña entidad, en plena era de la Guerra Fría en los Estados Unidos. Gracias a esta poderosa cinta, el tapatío se hizo acreedor al prestigioso, León de Oro, premio que otorga el Festival Internacional de Cine de Venecia.

Aunque no hay fecha de estreno en México, más temprano que tarde, Guillermo del Toro volverá a las salas de cine de su país. Nuca pedante, profeta en su tierra y amigo incansable de los monstruos de su imaginación, el jalisciense se apresta a conseguir lo que sus compatriotas, Iñárritu, Cuarón y Lubezki, ya lograron, el Oscar, esa estatuilla que se le ha escapado en el rubro de Director, pero que de seguir en este sendero, alcanzará, máxime, que fue el primero en imaginar que un mexicano podía codearse con los mejores realizadores del extraño vecino del norte.

Como anécdota final, este autor recuerda la alfombra roja de «Pacific Rim», celebrada en el centro comercial Reforma 222 de la Ciudad de México. Aquel día, el público se dio cita para vitorear al gordo jalisciense, a tal grado que, conmovido, pidió al público que abarrotaba el recinto, esperarlo media hora, mientras presentaba la cinta. Con puntualidad inglesa, Guillermo regresó y se dio cerca de cuatro horas, para firmar autógrafos y tomarse selfies, aceptando regalitos del público, desde su golosina predilecta, el «Gansito», hasta figuras de peluche de los dioses lovecraftianos, siempre sonriente, agradecido, sin poses de estrella, con las raíces bien puestas.

Hollywood vs. NFL

¿Eres fan de la NFL? la todavía liga deportiva más prestigiada del orbe, sin embargo, una cinta, «Concussion» (Peter Landesman, 2015), protagonizada por Will Smith, basada en hechos reales, ha puesto de cabeza al futbol americano profesional, destapando la cloaca en torno a las secuelas neurálgicas que sufren los jugadores tras golpes y lesiones en la cabeza.

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Por Daniel Flores Chávez

Del año del estreno de la película a la fecha se han realizado diversos estudios, siendo el más estrujante, el publicado el pasado julio por parte del «Journal of American Medical Association«, que certifica que de 111 cerebros analizados de ex futbolistas de la NFL, el 99.9% de estos sufren de Encelopatía Traumática Crónica.

Si bien dicha cinta no tuvo el impacto a niveles de premios, sí comenzó una etapa de concientización en los involucrados en el deporte de las tacleadas, ocasionando reflexiones en los propios jugadores, como fue el caso de Chris Borland, quien a pesar de tener un año extraordinario en su primera temporada con los 49es de San Francisco, optó por abandonar los millones de dólares que hubiera obtenido de haber continuado en la liga.

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La NFL negó, en aquel año, que el filme poseyera un alto grado de verosimilitud, pero conforme el tiempo ha pasado y las críticas han aumentado, el Comisionado de la liga, Roger Goodell, ha tenido que dar la cara ante los medios de comunicación para suavizar las implicaciones que estas lesiones han tenido en ex jugadores y anunciar estudios en conjunto con instituciones médicas para elaborar planes de protección.

Lamentablemente, los casos de ex jugadores, que se han suicidado a temprana edad o padecen demencia, van a la alza, como ejemplos sobresalen: Junior Seau (se dio un balazo en el pecho), Kosta Karageorge (hallado muerto en un contenedor de basura tras herirse a sí mismo con una bala), Mike Webster (ataque al corazón luego de episodios de paranoia), Terry Long (bebió líquido anticongelante) o Andre Waters (acaecido por un tiro en la cabeza).

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Tarde o temprano, Hollywood volverá a contar historias similares, máxime que grandes ex estrellas del emparrillado ya presentan síntomas similares, lo que ocasionará la filmación de biopics, los cuales traerán nuevamente el problema a la esfera pública, incluso, con más fuerza que antes.

En «Concussion», al «Doctor Bennet Omalu» (Smith) se le prohíbe en todo momento tener contacto cercano con directivos de la NFL, mostrando negligencia por parte de los jerarcas de la liga, situación que molestó en demasía a Goodell y achichicles, máxime que la NFL es considerada casi un patrimonio de la cultura norteamericana, para no ir más lejos, es tal la pasión que desata el Súper Tazón, que es considerado un feriado no oficial en la nación de la bandera de barras y estrellas, además que el lunes posterior al Gran Partido, es el día con mayor ausentismo laboral.

Sería interesante una batalla mediática entre estas dos súper-potencias del entretenimiento de masas, Hollywood vs. NFL, hacedoras de miles de millones de billetes verdes y jugosas plataformas publicitarias. La liga profesional de futbol americano ya se ha dado el lujo de vetar a empresas tan poderosas como MTV, esto, tras el «descuido» de Janet Jackson, durante el Medio Tiempo del Súper Tazón 38, producido por la cadena televisiva de videos musicales (o lo que quedan de estos), en el que la hermana de Michael Jackson, mostró un seno al descubierto, siendo visto a nivel mundial por millones de personas.

Ante semejante escándalo, la NFL, que históricamente ha sido manejada por dueños de empresas sumamente conservadores, puso el grito en el cielo, rompiendo el contrato que tenía con MTV para producir posteriores espectáculos de Medio Tiempo. MTV ni metió las manos, a sabiendas que no iba a poder ganar un juicio ante la fuerza de la liga.

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Igualmente, Hollywood se ha distanciado de la NFL, al no encontrar historias trascendentales sobre el juego y sus protagonistas. Aunque por ejemplo, «T» (John Lee Hancock, 2009), le dio a Sandra Bullock el Oscar como Mejor Actriz, al interpretar a «Leigh Anne Tuohy», una mujer de sociedad (de la vida real), que junto con su adinerada familia acoge a «Michael Oher» (Quinton Aaron), un joven problemático, pero con gran talento para el rudo deporte. La trama fascinó a la liga por su moraleja, la de ofrecer una oportunidad al desvalido. Sin embargo, también recibió grandes críticas, ya que se acusó a esta familia de, más bien, cazar talentos, pagarles carreras universitarias y usar sus contactos con la NFL para conducirlos a este circuito, y posteriormente, obtener una tajada de los altos contratos de los jóvenes futbolistas.

Entre que son ovoides o balones redondos, el real Michael Oher, tras obtener el Súper Tazón 47 con los Ravens de Baltimore, actualmente, es acusado de agredir a un chofer de Uber, contrastando con la personalidad del gigante de buen corazón que aparece en la película.

Otra de las cintas prohibidas por la NFL es «Any Given Sunday» (1999), del magistral, Oliver Stone, que desnuda los excesos de coaches, jugadores, dueños de equipos, personal médico y otros involucrados, en la alocada necesidad de ganar por encima de todo, de generar recursos millonarios por patrocinios, de salir cada domingo a jugarse la vida sin importar el futuro.

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Si bien el filme tiene una moraleja un tanto obvia (basta sólo ver el «speech» motivacional del coach «Tony D’Amato», interpretado por Al Pacino, para ensalzar al deporte por el deporte mismo), sí deja en claro el constante estrés que se percibe cada fin de semana en los diferentes estadios. Claro, luego de ver el guión,

El futuro de DC-Warner, una esperanza desorganizada

No puedo salvar a todo el mundo, porque no soy Dios… pero puedo intentarlo, porque soy Superman.

Superman

Cuando parecía todo un lío la producción de cintas basadas en los superhéroes de DC Comics, la realizadora norteamericana, Patty Jenkins, logró no sólo sacar a flote un barco que se hundía, también, convirtió a Wonder Woman, en un filme interesante y exitoso, dejando en claro que la popularidad de la amazona estaba muy por encima de los estimados de Warner, compañía productora y distribuidora de todo lo que tenga que ver con los personajes de DC. La película parece que romperá la marca de los 800 millones de dólares, para convertirse en el logro más importante del combo DC-Warner, al menos desde el reboot cinematográfico, iniciado en 2013 con El Hombre de Acero (Zack Snyder).

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A pesar de los logros en taquilla de Batman vs. Superman (Snyder, 2016), que acumuló 873 millones de billetes verdes, y Suicide Squad (David Ayer, 2016), que cinceló 745 millones en ingresos, un gran porcentaje de fans, blogueros y comunicadores especializados, no quedaron conformes con los productos finales, considerándolos filmes mal organizados, de guiones confusos, erróneamente editados o demasiado “oscuros”, además de la presencia de actores, que, según esta audiencia, era discordante con los amados caracteres de DC, por ende, las interpretaciones de Ben Affleck como Batman, Jared Leto como el Guasón o Jesse Eisenberg como Lex Luthor, hizo rabiar a más de uno.

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Del otro lado de la moneda, la incipiente competencia que DC-Warner ha representado para Marvel Studios en la última década, ha traído algunos aciertos, como por ejemplo, el Oscar por Mejor Maquillaje y Peinado, otorgado a Escuadrón Suicida en este 2017, o las revelaciones de Margot Robbie, interpretando el debut cinematográfico de la alocada, Harley Quinn, y el protagonismo de Gal Gadot, como la amazona favorita del planeta, Diana, Wonder Woman.

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Al igual que Marvel, que colocó a un genio como presidente, Kevin Feige, productor de todas las cintas de esta compañía, de 2008 a la fecha, DC, desde 2016, empleó al autor, Geoff Johns, como titular de DC Films, para corregir el rumbo. Entre los mega éxitos comiqueros de este artista, nativo de Detroit, sobresale, Infinite Crisis y Green Lantern: Rebirth, los cuales, durante el nuevo siglo, replantearon el Universo DC, tornándolo más peligroso, violento y crudo. Sin embargo, para pocos es un secreto que una legendaria empresa como Warner, prestigiosa y poderosa, tiene también una constante lucha de poderes (casi desde su fundación en 1923), entre ejecutivos, productores, directores y hasta actores, misma que merma el control del encargado en turno.

 

Desde los ochenta, dos individuos, más entusiastas que creativos, han tenido posesión de los derechos, o parte de estos, de personajes como Superman y Batman. El primero, Jon Peters, se enamoró del cine siendo un extra infantil en Los Diez Mandamientos (1956), producción en la que atisbó al todopoderoso, Cecil B. de Mile, dejándolo tan impresionado que pretendió hacer una carrera en Hollywood, siendo su gracia más destacada, contar con los derechos cinematográficos de Superman. Así, este originario de California, obsesionado con las arañas gigantes, tuvo que ver, en gran medida, con el fracaso de Tim Burton en su intento por llevar al cine al kriptoniano, encarnado por Nicolas Cage. Para Superman regresa (2006), Peters fue uno de los que idearon darle un hijo a Kal-El, decisión impopular que contribuyó al desdén del público para con la cinta.

 

En su ahínco y necesidad de protagonismo, Peters siempre ha pedido que Superman  confronte a un arácnido inmenso, ya sea biológico o artificial, situación que más o menos logró en el filme de Snyder, en el momento en el que el paladín de la capa roja combate con la máquina de terra-formación. Para su buena suerte, Jon Peters vio cumplido en parte este deseo, cuando produjo Wild, Wild West (Barry Sonnenfeld, 1999), con la escena en la que el malévolo, Loveless, (Kenneth Brannagh), conduce una araña mecánica.

 

Por su parte, en la otra esquina, tenemos a Michael Uslan, ferviente admirador de Batman, tenedor de los derechos del encapotado. Afortunadamente, este productor ha dejado que los artistas trabajen, si bien no quedó del todo contento con los filmes, Batman y Robin (1997) y Batman Forever (1995), de Joel Schumacher. Evidentemente, Uslan, en los casos de Batman (1989) y Batman regresa (1992) de Burton, y la aplaudida trilogía de The Dark Knight (Christopher Nolan), alzó la mano para pedir su crédito, como si en algo hubiera tenido que ver en los destinos de estas tremendas producciones.

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Imagínense entonces poner de acuerdo a Peters (a quien Nolan le impidió aparecerse en el set de El Hombre de Acero), Uslan y Snyder para Batman vs. Superman, ¿quién habrá tenido el control, o acaso tantas manitas en el pastel, terminaron por desbaratarlo? Si bien será complicado saber la verdad, lo cierto es que Warner está acostumbrado a trabajar así, permitiendo que ejecutivos y creativos opinen, lo que, a la hora de entrar en competencia con el rival, provoca una falta de liderazgo, la cual parece que Geoff Johns ha venido a subsanar.

 

En el futuro cercano de DC-Warner, se aproxima Justice League parte 1, para el próximo noviembre, bajo la dirección, otra vez, de Snyder. Pero, de manera sospechosista, hace unos meses, Zack pidió tiempo, para estar con su familia, tras el deceso de su hija, Autumm, acaecida en marzo de 2017. Al relevo, y para concluir el rodaje, así como la post-producción, arribó el creador de Buffy la cazavampiros, Joss Whedon, experto en este tipo de ensambles, no sólo por haber dirigido las multi-exitosas, Avengers 1 y 2, de Marvel, también, por su capacidad para manejar producciones con una larga lista de personajes centrales. Si bien DC-Warner despidió amablemente a Snyder, no dijo si volvería a sus tareas próximamente.

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Whedon también ya está listo para rodar Batgirl, lo que representaría la segunda aparición en la pantalla grande de la heroína pelirroja, luego de la participación de Alicia Silverstone en Batman y Robin. Se rumora insistentemente que actrices como Elle Fanning y Emma Roberts podrían dar vida a Bárbara Gordon, el alter ego de esta fémina murciélago. Tras la noticia, curiosamente, algunos sitios de internet, hicieron aparecer un fragmento del supuesto guión que alguna vez escribiera Whedon para realizar, en la década pasada, una cinta sobre Wonder Woman. En este texto, se presentaba a la amazona, según varios blogs, de manera sexista, lo que ocasionó un debate sobre si este realizador era el indicado para el proyecto de Batgirl.

 

Sin entrar a fondo en la polémica, pareciera que los mismos “medios” de siempre, se encargan de soltar rumores que agravan la situación de DC-Warner, mientras que esconden la mano para no criticar el exagerado tono de comedia con que Marvel maneja sus películas. En el caso de Joss Whedon, la prueba más que clara de su labor como arquitecto de heroínas empoderadas, es la serie Buffy (1997-2003) con Sarah Michelle Gellar, interpretando a una joven heroína, que poco usaba su físico para lucir sus dotes de líder, a través de siete temporadas. Misma situación ocurrió con Eliza Dushku, quien encarnó a Echo, la protagonista de Dollhouse (2009-2010), otro serial creado por el nativo de Nueva York, en el que ella recurría a su sagacidad e inteligencia para resolver las intrigas futurísticas de esta emisión.

 

En el caso del encapotado, el director, Matt Reeves (La guerra del planeta de los simios, 2017), estará a la cabeza de The Batman, filme que Affleck conduciría originalmente, sin embargo, tras una “amigable” charla con los directivos de Warner, optó por sólo protagonizarla, y de paso, anunciar, de mala gana, que dejaba sus otros proyectos, como actor y realizador, para concentrarse en dar vida al Hombre Murciélago. Sobre el guión, Reeves ha declarado que pretende darle una atmósfera a la Alfred Hitchcock, realzando la figura de detective de Batman.

 

Igualmente, se prevé que, para 2019, DC-Warner estrene seis películas del Universo Batman, incluyendo la secuela de Suicide Squad, así como Gotham City Sirens, bajo la dirección de Ayer, y el regreso de Robbie como Harley Quinn, más los agregados de Catwoman y Poison Ivy (se empieza a rumorar que la mexicana, Eiza González podría ser la nueva mujer gato). Además, se estrenarían Nightwing; el spin-off de Escuadrón Suicida, Deadshot, con Will Smith, más The Batman, y seguramente, Batgirl.

 

Sin embargo, DC-Warner, antes de alocarse con estas producciones, requiere encontrar director para The Flash con Ezra Miller, Green Lantern Corps, Black Adam, Shazam y Cyborg, así como atender a sus dos reinas, Jenkins y Gadot, quienes pretenden un jugoso aumento de sueldo para Wonder Woman 2, continuación que se situaría en la década de los ochenta.

 

Además, todavía tiene que enfrentar el desastre en que podría convertirse Justice League, ante las posibles críticas por el desgastado trabajo de Snyder, que ya ha fastidiado a los fans y no tan fans de DC.  Según relatan varios columnistas norteamericanos, las primeras escenas del filme, se asemejan a El Señor de los Anillos. Así, aparece una épica batalla en tiempos inmemoriales, entre las huestes del súper-villano, Darkseid, y una alianza surgida de Amazonas, Atlantes y seres humanos, encabezada por la Reina Hipólita (Connie Nielsen), que logra una apoteósica victoria, obteniendo el control de tres Mother Box, una especie de súper computadora, mismas que se reparten entre el trío de razas, muy al estilo de los anillos de Lord of the Rings, por cierto, distribuida por Warner.

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El que sí parece llevar todas las de ganar es Jason Momoa en Aquaman, sacando de su confort al rubio héroe, tornándolo en un macho alfa, salvaje y estepario, rodeado de un universo propio, con personajes como Mera, encarnada por Amber Heard, la Reina Atlanna, interpretada por Nicole Kidman, y villanos muy reconocidos como Ocean Master (Patrick Wilson) y Black Manta (Yahya Abdul-Mateen II).

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Así las cosas, esperemos que Geoff Johns pueda trabajar en paz, y construya una verdadera competencia con Marvel-Disney. De lo contrario, bien podrían conformarse con filmar Wonder Woman vs. Aquaman, y si todo falla, está la posibilidad de un enésimo reboot.